Aguilas de Tunja enseñan a volar


Opinión
lunes 01 de junio de 2015

Darlin Bejarano, Alcaldía de Tunja.


Por Pascual Ibagué.


Cuando Simón Bolívar,dijo que 'el Soldado no es de donde nace, sino de donde libra la batalla", tenía mucha razón.

Las palabras del 'Padre de la Patria' caen como anillo al dedo, para resaltar la gesta realizada por el equipo Aguilas de Tunja, que con un gran componente de refuerzos extranjeros, logró darle a Tunja y Boyacá su primer título en el baloncesto masculino colombiano.

Durante la presente versión de la Liga Directv, el equipo dirigido por el cartagenero Tomás Díaz, tanto en la temporada regular, como en el playoff semifinal (frente a Manizales Once Caldas), como en la final (contra Academia de la Montaña) siempre mostró ser un equipo competitivo, que fecha a fecha iba construyendo su histórica actuación.

Como sucede, en la actual realidad mundial de los equipos, de diferentes disciplinas deportivas, que están conformados por jugadores de diferentes nacionalidades, para tratar de igualar y superar a sus rivales, dar el mejor espectáculo y, sobre todo, defender con éxito la institución o entidad que representa, Aguilas de Tunja cumplió su cometido.

Aunque los puristas quisiéramos tener un quinteto conformado en su totalidad por jugadores del departamento, cosa que solo sería posible con un trabajo a largo plazo, todos los foráneos hicieron sentir y demostraron su identidad y compromiso con su marca y afición.

En ese vuelo hacia la gloría, cuerpo técnico y jugadores de Aguilas, enseñaron que cuando se tiene convicción, estrategia, capacidades, conocimientos y deseos de grandeza no hay 'paisas que valgan'.

Como la obra de Richard Bach: 'Juan Salvador Gaviota', las Aguilas de Tunja practicando, insistiendo y persistiendo han llegado a una gran meta, que solo les sirve para iniciar un vuelo diferente hacia mayores alturas en la Liga Suramericana de Baloncesto.

Ojalá que en su noble propósito, el quinteto auriverde pueda volver a ser epicentro nacional e internacional noticias, aunque algunas voces disonantes quieran que Tunja y Boyacá sigan siendo parias, porque su amargura no les permite reconocer que la alegría y felicidad, son momentos fugaces, como la vida misma.


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