La inocuidad de los mecanismos de participación popular


Opinión
miércoles 24 de junio de 2015

Registraduría Nacional del Estado Civil.


Por Pascual Ibagué


Después de un arduo trabajo, de cerca de 3 meses, a través del cual consiguió 37.348 firmas, todo un mamotreto, para respaldar su aspiración, el candidato independiente a la alcaldía de Tunja, Pablo Emilio Cepeda Novoa, anunció que no se va a presentar con respaldo de este mecanismo de participación popular, ‘debido a los vacíos de la norma y a la incertidumbre legal que genera lo que viene del proceso para convalidar esas firmas”.

La decisión, que está siendo compartida por otros candidatos que han optado por buscar el aval de partidos políticos, es la simple confirmación que tanto este mecanismo como la revocatoria del mandato, las consultas internas de los partidos, entre otras, de participación ciudadana, son espacios inocuos, que no generan sino frustraciones en los pueblos.

La triste realidad no solo está circunscrita al fondo, sino a la forma como han sido concebidos. En el caso de las revocatorias de mandato, de las miles que se han presentado en el país, muchas de las cuales ameritaban retirar el mandato a los elegidos por ineptos, inoperantes y corruptos, ninguna ha prosperado por su engorroso procedimiento para hacerlas efectivas y en donde los detentores del poder tiene todas las de ganar frente a las demandas ciudadanas.

Con el caso de las consultas internas de los partidos pasa algo parecido. Una vez se han realizado las costosas elecciones, los candidatos ‘ganadores’ no lograr el respaldo y compromiso de los derrotados y se quedan con una responsabilidad, de la cual los demás no quieren saber, porque en la mayoría de las veces toman otros caminos y dejan al ‘ungido’ con aval y sin votos.

La recolección de firmas tiene su propio ‘calvario’ al dejar en el limbo su validez, cuando el rubricante no pertenece a la jurisdicción del candidato, la misma firma está en otro listado, el firmante está inhabilitado porque ha perdido sus derechos políticos, la firma se salió del renglón de depósito, entre muchos otros ‘intringulis’, que las hacen más inútiles que un recién capado.

Estas limitantes se pueden evidenciar en forma impactante, cuando las mismas autoridades electas por voto popular (Gobernadores y alcaldes), están a expensas de lo que determine el Gobierno nacional en materia de hacienda pública, implementación de políticas y otras disposiciones que los convierten en firmones o simplemente no les permiten tener la más mínima autonomía territorial, a pesar de hacer parte de un Estado Social de Derecho, participativo y descentralizado… y que ¡viva la democracia! pero en otras partes del mundo.


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